Publicado: 13-10-2026
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso el pasado 16 de septiembre abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea. Lo hizo en su discurso anual sobre el Estado de la Unión, pronunciado en el Parlamento Europeo, y en presencia del primer ministro canadiense, Mark Carney, invitado especial y primer líder no europeo en asistir a este acto.
Conviene subrayar, sin embargo, que por ahora se trata solo de una propuesta. La figura de miembro asociado no existe en los tratados comunitarios actuales, por lo que los derechos y obligaciones no se encuentran definidos todavía.
¿Qué conllevaría convertirse en miembro asociado de la UE?
Aunque la categoría de «miembro asociado» carece por ahora de una definición jurídica precisa, cabe anticipar que ocuparía un escalón intermedio entre los Estados miembros y los terceros países. Su finalidad sería, así, establecer una cooperación más estrecha que la que la Unión mantiene con estos últimos.
Sin embargo, no cabe prever que Canadá vaya a disfrutar de la totalidad de las ventajas del mercado único o de las cuatro libertades fundamentales (libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales):
- Impacto en la vida cotidiana: Los ciudadanos canadienses no podrían, en principio, desplazarse, residir o trabajar en el territorio comunitario con la misma libertad y derechos que los ciudadanos de los 27 Estados miembros, ni viceversa.
- Control fronterizo y movilidad: Viajar a Canadá no equivaldrá a desplazarse dentro del espacio Schengen ni entre países de la Unión. El alcance real de los cambios en materia de visados, permisos de trabajo o homologación de títulos dependerá exclusivamente de la letra pequeña que resulte del proceso negociador.
Canadá como primer miembro asociado de la UE.
El objetivo central de la Unión Europea con esta propuesta es forjar una alianza estratégica que permita la cooperación mutua en ámbitos como la defensa, el desarrollo tecnológico, la inteligencia artificial o la energía, etc.
Esta asociación supondría, además, un paso más allá del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), que se aplica desde 2017. En la actualidad, el CETA es uno de los acuerdos comerciales bilaterales más ambiciosos y avanzados firmados por la UE, su estructura elimina la gran mayoría de los aranceles, abre los mercados de servicios y licitaciones públicas a ambas partes, y facilita el comercio mediante el reconocimiento mutuo de normas.
Sin embargo, el CETA se ciñe esencialmente al ámbito económico, comercial y de inversiones. La nueva propuesta de «miembro asociado» busca superar ese techo normativo para extender la relación al plano geopolítico, de seguridad y de defensa estratégica.
Se trata, en definitiva, de construir una «Alianza para el Futuro con el fin de crear un espacio común de prosperidad y seguridad económica», en palabras de la presidenta durante su discurso.
Por el momento, se prevé seguir dialogando sobre esta nueva categoría de relación. La cumbre UE-Canadá programada para finales de octubre en Montreal servirá como escenario principal para que ambas partes avancen en los detalles de esta posible futura alianza.
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